Perdido

De pronto me sentí perdido. El panorama comenzó a desdibujarse y ya no sabía hacia dónde estaba yendo. Perdí el rumbo. Una niebla cada vez más espesa comenzó a conquistarlo todo y ya no me era posible ver con claridad. Comencé a desacelerar la marcha, hasta que finalmente me detuve. El temor me invadió.

Por momentos la niebla se hacía menos espesa y algunas formas amagaban con perfilarse, pero no llegaban a hacerse reconocibles y volvían a ser devoradas por la niebla. No podía ver con claridad dónde estaba, y mucho menos hacia dónde iba.

El tiempo pasaba y la situación no mejoraba. La incertidumbre me dominaba. Se hizo largo, penoso.

Comencé a pensar. Muchas imágenes poblaron mi mente: mis muertos queridos, mis amigos, familiares, personas, diálogos, palabras al viento, ecos.

Algunas ideas parecían arrojar algo de luz, pero en al final nada tenía sentido. Me sentí desesperanzado.

Después de un tiempo que duró mucho más de lo que creí poder soportar, comprendí que no podía seguir permaneciendo quieto. Debía correr el riesgo, moverme, aunque probablemente eso implicara perderme aún más. Pero era la única forma de salir.

Me moví.

Lentamente todo comenzó a cambiar.

 

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